Y yo jugaba a estar vivo,
mientras tú, en la pantalla de tus ojos,
exponías el asombro de sentir la náusea
irremediable de luz que fue estar
tan expuestamente viva. Desde esa perspectiva tuya,
con un amor tan desnudo que de tan claro
enseñaba hasta los huesos y la sencillez
que no alcanzan a describir las palabras.
Conjugados en silencio
fuimos verbos taciturnos.
Como sierpes reptantes, nuestras almas,
fueron recorriendo largos senderos de silencio,
al igual que fueron siendo una larga anticipación
de lo que sería, el final
de nuestro bosque de cometas caídos.
sábado, 25 de febrero de 2012
Contradicción de la luz
Nunca te lo dije pero
la sombra también sueña con la carne,
y la luz
lleva medusas de nieve
haciendo escaramuzas,
colisionando a muerte
en las paredes de sus venas,
pidiendo panes con veneno,
pidiendo ser, en algún momento,
el disfraz que oculte
su insoportable levedad de estar,
o de seguir
incansablemente siendo.
la sombra también sueña con la carne,
y la luz
lleva medusas de nieve
haciendo escaramuzas,
colisionando a muerte
en las paredes de sus venas,
pidiendo panes con veneno,
pidiendo ser, en algún momento,
el disfraz que oculte
su insoportable levedad de estar,
o de seguir
incansablemente siendo.
lunes, 23 de enero de 2012
Petición para antes de dormir
No sé qué sea la vida mañana.
Necesito tu voz poesía,
necesito tu instante roto y suspendido
en que eres sueño y otra vez sonido.
Necesito la mentira dulce,
el momento fatuo en que me tomes
otra vez de la mano, para borrar,
para intentar borrar, entre los dos,
lo que no supimos.
Necesito tu voz poesía,
necesito tu instante roto y suspendido
en que eres sueño y otra vez sonido.
Necesito la mentira dulce,
el momento fatuo en que me tomes
otra vez de la mano, para borrar,
para intentar borrar, entre los dos,
lo que no supimos.
jueves, 12 de enero de 2012
Me negarás tres veces
Me alejo de la pluma y tal vez sea por respeto
de no dar a este silencio una corona de papel mojado.
Me acerco a escondidas, sin que escuchen las musas
que no están, que se marcharon...
que me he puesto a fraguar artificios,
sin permiso, sin razón, o fuego del corazón convocado.
Si ellas que saben interpretar
mi quehacer entre sombras y húmeda pólvora.
Si ellas que son una con mi temor, con mi pudor
y mis pecados. Si ellas que miran con recelo y saben
que apostar a mí es como apostar a las carreras
a la osamenta de un caballo...
Si ellas que saben que no estoy, pero que...
permanezco como las noches necias
cuando soy negado.
de no dar a este silencio una corona de papel mojado.
Me acerco a escondidas, sin que escuchen las musas
que no están, que se marcharon...
que me he puesto a fraguar artificios,
sin permiso, sin razón, o fuego del corazón convocado.
Si ellas que saben interpretar
mi quehacer entre sombras y húmeda pólvora.
Si ellas que son una con mi temor, con mi pudor
y mis pecados. Si ellas que miran con recelo y saben
que apostar a mí es como apostar a las carreras
a la osamenta de un caballo...
Si ellas que saben que no estoy, pero que...
permanezco como las noches necias
cuando soy negado.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Un amor a pesar del amor
Debajo de la piel mi corazón te guarda,
esconde las cinco letras de tu nombre
y al fluir la sangre, la pulsación latente
ilumina cada noche, el sendero en que
contigo ya no soy un ser tan solo.
Hemos agredido la labor
de contemplar a solas
nuestras sombras, la noche
sobre la que caminamos.
Hemos transgredido la
simple barrera del amor mundano...
Tu desnudez tiene un aroma,
un sonar, un sonido,
eres una extensión de todo
lo que me nombra.
Sabes y conoces la mirada
del niño en el acantilado que separa
nuestros insignificantes planetas;
Una órbita cada noche nos acerca...
Amor es también este magnetismo
que a otros ha dado
por llamar costumbre.
Nos hemos comido las migajas
pues en cierta forma conocemos el camino.
Y cerramos los ojos para flotar
e invadir nuestros pensamientos,
dar momento a que me pienses
y tu mirada, por encima de mis ojos cerrados,
marque la pauta en que de noche,
un silente canto sonoro, llegue a los bosques
de nuestra luna, a tatuar la extraña nomenclatura
del pacto que nos une.
Te comparto mi amor que también es mi furia,
mi forma de llamarte a través de las estancias oscuras
de nuestros misterios y los espacios aéreos
que no podrán sortear, nuestras alas de mármol quebrado.
Te comparto mi muerte diaria, mi sonrisa,
rosa de pólvora, el entendimiento y la negación
de las verdades: toda sombra es relativa.
Y esta frase que apenas pronunciada
se desvanece en el olvido y gracia
de lo que es efímero: Te amo Nuria.
esconde las cinco letras de tu nombre
y al fluir la sangre, la pulsación latente
ilumina cada noche, el sendero en que
contigo ya no soy un ser tan solo.
Hemos agredido la labor
de contemplar a solas
nuestras sombras, la noche
sobre la que caminamos.
Hemos transgredido la
simple barrera del amor mundano...
Tu desnudez tiene un aroma,
un sonar, un sonido,
eres una extensión de todo
lo que me nombra.
Sabes y conoces la mirada
del niño en el acantilado que separa
nuestros insignificantes planetas;
Una órbita cada noche nos acerca...
Amor es también este magnetismo
que a otros ha dado
por llamar costumbre.
Nos hemos comido las migajas
pues en cierta forma conocemos el camino.
Y cerramos los ojos para flotar
e invadir nuestros pensamientos,
dar momento a que me pienses
y tu mirada, por encima de mis ojos cerrados,
marque la pauta en que de noche,
un silente canto sonoro, llegue a los bosques
de nuestra luna, a tatuar la extraña nomenclatura
del pacto que nos une.
Te comparto mi amor que también es mi furia,
mi forma de llamarte a través de las estancias oscuras
de nuestros misterios y los espacios aéreos
que no podrán sortear, nuestras alas de mármol quebrado.
Te comparto mi muerte diaria, mi sonrisa,
rosa de pólvora, el entendimiento y la negación
de las verdades: toda sombra es relativa.
Y esta frase que apenas pronunciada
se desvanece en el olvido y gracia
de lo que es efímero: Te amo Nuria.
domingo, 22 de agosto de 2010
Más corazón que odio

Existió un tiempo en que el cine pudo defender discursos sobre el racismo y la supremacía blanca, y en el que el hacerlo, no estaba mal visto. Un tiempo en que el cine era dejarse sorprender por la capacidad de asombro que los vastos páramos de Utah, habitados por gigantes prismáticos en el "Monument Valley", generaban y eran el sitio donde lo desconocido, era tachado casi a la par de lo diabólico. Espacio y tiempo en que la sed de sangre era hasta entonces, un inocente desvarío en la audiencia, que confundía arraigo histórico, con patriotismo perverso.
De esta forma, y “clausurando” la primera etapa del género Western maquilado en los Estados Unidos, John Ford, (ése peculiar gran hombre de parche en el ojo, como personaje salido de película de su colega Sam Peckimpah), trajo consigo, tal vez la película más memorable de su filmografía, quien retomando al ícono por excelencia del género, coloca a su incansable alter ego, el duque John Wayne, en un personaje que es suma del aprendizaje que ha traído la interminable, cruenta y degenerativa violencia, establecida para mantener a raya un territorio que fue robado a sangre y mansalva. Pero lo hace de una forma en que deja abierta la brecha del aprendizaje como la confirmación de teorías muy ligadas al destino manifiesto. Se sigue viendo a los pieles rojas como una raza maligna e inferior, desmerecedora de la tierra que les pertenece por derecho de antigüedad.
The searchers, o "Más corazón que odio" por su título en español, relata la historia de un hombre que regresa a la casa de su hermano tras haber perdido con el ejército sureño, la guerra civil norteamericana. Amargado y convencido de que no hay nada mejor que pasar los últimos días de su vida en su lugar de origen, intenta retomar la antigua costumbre campirana hasta que muy pronto, una brigada de hombres del lugar, encabezados por el reverendo, solicitan su servicio como miliciano, para ir en busca del ganado robado por unos comanches. Ya en el camino se dan cuenta que todo era una trampa para dejar indefenso el sitio y arrasarlo. Así es que al volver descubre que acabaron con su familia y que además raptaron a sus dos sobrinas. Es en ese momento que resuelve organizar una expedición para ir a su rescate. Durante todo ese trayecto que se posterga durante cinco años, se libran escenas realmente memorables por las que directores de la talla de Steven Spielberg se atrevieron a decir, que "The searchers es la mejor película de todos los tiempos". Y en verdad que existen secuencias como para quedarse perplejos: Una persecución por parte de los comanches a través de un desfiladero, que termina en la salvación impuesta por un río; los cantos de la muerte previo al ataque comanche; los diálogos de los vaqueros al sentirse acorralados por la amenaza y superioridad numérica; la presencia siempre misteriosa y preponderante de "Scar" el jefe de la tribu; un episodio violento y poético en donde John Wayne, al descubrir junto con los rastreadores una tumba oculta comanche, tira un par de balazos al rostro del cadáver, para rematar diciendo algo así como: "ahora sin sus ojos, no podrá encontrar el camino a su morada en el silencio”.
Momentos épicos para la posteridad en la historia del cine son los que se viven en esta película, cuyo final se reserva para los duros de corazón que guardan un resquicio de salvación en el sentido de amor filial para la familia. Y al final un hombre en el dilema complicado de su retorcida ética, ¿buscar a la niña que fue sustraída del seno materno y acabar con ella porque se ha convertido en la mujer del asesino de su hermano, o dejar que el veneno acumulado en su corazón se evapore y pese más el amor que el odio?
Baste decir que gracias a esta película auspiciada aún por las viejas formas de hacer cine (technicolor a rompeluces sin importar la carga dramática del tema tratado, acartonamiento actoral, musicalizaciones ñoñas, humor inocente e involuntario, etc…), seabrió una brecha temática, narrativa y técnica en la forma de contar historias que inspiró el nuevo cine hollywoodense de cepa independiente, dirigido por personas como Scorsese, Coppola, Spielberg y demás, hoy, vacas sagradas.
viernes, 18 de junio de 2010
Que me regresen a la primaria
Dadas las circunstancias
cualquier persona podría decir
que no aprendí lo básico
en la vida.
Que los cordones cernidos
sobre los zapatos de la cordura
no logré amarrar
con suficiente presteza,
que apenas miro al cielo
descalza el alma corre
sobre antiguas, nuevas
falacias de amor peregrino.
Que me regresen a la primaria
porque no aprendí de las matemáticas
a sacar la suma esencia,
la resta ética,
la división fragmentaria
en que la sangre humana
es a la vez impulso,
para dos corazones que viajan
a la velocidad del sonido.
Que me regresen a la primaria
y me enseñen, no debo
andar buscando como perro
el aroma de las feromonas:
esas avispas iridiscentes
de húmeda luz salina
que vuelan por debajo
de las faldas de las niñas,
ahora frugales mujeres,
peligrosas vírgenes
de templos prohibidos,
para la bestia encerrada
que mora en la prisión
de mi cuerpo.
Que me regresen, lo imploro,
y en verdad lo pido,
pongan en mi cabeza
esas ingénuas canciones infantiles
que enseñan sin recato
a los niños de primero,
una moral sencilla,
sin preguntas...
Ahora quiero tan sólo ser
lo que la gente
considera ser "bueno".
Que me expongan
al frente del salón de clases
y pinten sobre mi cabeza
enormes orejas de burro
y en mi boca
con los granos de una mazorca
simulen largos,
tozcos dientes de conejo;
pues me siento tan deshonesto,
tan fuera de lo que un día
consideré mi sitio,
como pequeño niño que no entiende
como un terco lobo
que se aferra a parecer cordero.
cualquier persona podría decir
que no aprendí lo básico
en la vida.
Que los cordones cernidos
sobre los zapatos de la cordura
no logré amarrar
con suficiente presteza,
que apenas miro al cielo
descalza el alma corre
sobre antiguas, nuevas
falacias de amor peregrino.
Que me regresen a la primaria
porque no aprendí de las matemáticas
a sacar la suma esencia,
la resta ética,
la división fragmentaria
en que la sangre humana
es a la vez impulso,
para dos corazones que viajan
a la velocidad del sonido.
Que me regresen a la primaria
y me enseñen, no debo
andar buscando como perro
el aroma de las feromonas:
esas avispas iridiscentes
de húmeda luz salina
que vuelan por debajo
de las faldas de las niñas,
ahora frugales mujeres,
peligrosas vírgenes
de templos prohibidos,
para la bestia encerrada
que mora en la prisión
de mi cuerpo.
Que me regresen, lo imploro,
y en verdad lo pido,
pongan en mi cabeza
esas ingénuas canciones infantiles
que enseñan sin recato
a los niños de primero,
una moral sencilla,
sin preguntas...
Ahora quiero tan sólo ser
lo que la gente
considera ser "bueno".
Que me expongan
al frente del salón de clases
y pinten sobre mi cabeza
enormes orejas de burro
y en mi boca
con los granos de una mazorca
simulen largos,
tozcos dientes de conejo;
pues me siento tan deshonesto,
tan fuera de lo que un día
consideré mi sitio,
como pequeño niño que no entiende
como un terco lobo
que se aferra a parecer cordero.
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