Debajo de la piel mi corazón te guarda,
esconde las cinco letras de tu nombre
y al fluir la sangre, la pulsación latente
ilumina cada noche, el sendero en que
contigo ya no soy un ser tan solo.
Hemos agredido la labor
de contemplar a solas
nuestras sombras, la noche
sobre la que caminamos.
Hemos transgredido la
simple barrera del amor mundano...
Tu desnudez tiene un aroma,
un sonar, un sonido,
eres una extensión de todo
lo que me nombra.
Sabes y conoces la mirada
del niño en el acantilado que separa
nuestros insignificantes planetas;
Una órbita cada noche nos acerca...
Amor es también este magnetismo
que a otros ha dado
por llamar costumbre.
Nos hemos comido las migajas
pues en cierta forma conocemos el camino.
Y cerramos los ojos para flotar
e invadir nuestros pensamientos,
dar momento a que me pienses
y tu mirada, por encima de mis ojos cerrados,
marque la pauta en que de noche,
un silente canto sonoro, llegue a los bosques
de nuestra luna, a tatuar la extraña nomenclatura
del pacto que nos une.
Te comparto mi amor que también es mi furia,
mi forma de llamarte a través de las estancias oscuras
de nuestros misterios y los espacios aéreos
que no podrán sortear, nuestras alas de mármol quebrado.
Te comparto mi muerte diaria, mi sonrisa,
rosa de pólvora, el entendimiento y la negación
de las verdades: toda sombra es relativa.
Y esta frase que apenas pronunciada
se desvanece en el olvido y gracia
de lo que es efímero: Te amo Nuria.
lunes, 22 de noviembre de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Más corazón que odio

Existió un tiempo en que el cine pudo defender discursos sobre el racismo y la supremacía blanca, y en el que el hacerlo, no estaba mal visto. Un tiempo en que el cine era dejarse sorprender por la capacidad de asombro que los vastos páramos de Utah, habitados por gigantes prismáticos en el "Monument Valley", generaban y eran el sitio donde lo desconocido, era tachado casi a la par de lo diabólico. Espacio y tiempo en que la sed de sangre era hasta entonces, un inocente desvarío en la audiencia, que confundía arraigo histórico, con patriotismo perverso.
De esta forma, y “clausurando” la primera etapa del género Western maquilado en los Estados Unidos, John Ford, (ése peculiar gran hombre de parche en el ojo, como personaje salido de película de su colega Sam Peckimpah), trajo consigo, tal vez la película más memorable de su filmografía, quien retomando al ícono por excelencia del género, coloca a su incansable alter ego, el duque John Wayne, en un personaje que es suma del aprendizaje que ha traído la interminable, cruenta y degenerativa violencia, establecida para mantener a raya un territorio que fue robado a sangre y mansalva. Pero lo hace de una forma en que deja abierta la brecha del aprendizaje como la confirmación de teorías muy ligadas al destino manifiesto. Se sigue viendo a los pieles rojas como una raza maligna e inferior, desmerecedora de la tierra que les pertenece por derecho de antigüedad.
The searchers, o "Más corazón que odio" por su título en español, relata la historia de un hombre que regresa a la casa de su hermano tras haber perdido con el ejército sureño, la guerra civil norteamericana. Amargado y convencido de que no hay nada mejor que pasar los últimos días de su vida en su lugar de origen, intenta retomar la antigua costumbre campirana hasta que muy pronto, una brigada de hombres del lugar, encabezados por el reverendo, solicitan su servicio como miliciano, para ir en busca del ganado robado por unos comanches. Ya en el camino se dan cuenta que todo era una trampa para dejar indefenso el sitio y arrasarlo. Así es que al volver descubre que acabaron con su familia y que además raptaron a sus dos sobrinas. Es en ese momento que resuelve organizar una expedición para ir a su rescate. Durante todo ese trayecto que se posterga durante cinco años, se libran escenas realmente memorables por las que directores de la talla de Steven Spielberg se atrevieron a decir, que "The searchers es la mejor película de todos los tiempos". Y en verdad que existen secuencias como para quedarse perplejos: Una persecución por parte de los comanches a través de un desfiladero, que termina en la salvación impuesta por un río; los cantos de la muerte previo al ataque comanche; los diálogos de los vaqueros al sentirse acorralados por la amenaza y superioridad numérica; la presencia siempre misteriosa y preponderante de "Scar" el jefe de la tribu; un episodio violento y poético en donde John Wayne, al descubrir junto con los rastreadores una tumba oculta comanche, tira un par de balazos al rostro del cadáver, para rematar diciendo algo así como: "ahora sin sus ojos, no podrá encontrar el camino a su morada en el silencio”.
Momentos épicos para la posteridad en la historia del cine son los que se viven en esta película, cuyo final se reserva para los duros de corazón que guardan un resquicio de salvación en el sentido de amor filial para la familia. Y al final un hombre en el dilema complicado de su retorcida ética, ¿buscar a la niña que fue sustraída del seno materno y acabar con ella porque se ha convertido en la mujer del asesino de su hermano, o dejar que el veneno acumulado en su corazón se evapore y pese más el amor que el odio?
Baste decir que gracias a esta película auspiciada aún por las viejas formas de hacer cine (technicolor a rompeluces sin importar la carga dramática del tema tratado, acartonamiento actoral, musicalizaciones ñoñas, humor inocente e involuntario, etc…), seabrió una brecha temática, narrativa y técnica en la forma de contar historias que inspiró el nuevo cine hollywoodense de cepa independiente, dirigido por personas como Scorsese, Coppola, Spielberg y demás, hoy, vacas sagradas.
viernes, 18 de junio de 2010
Que me regresen a la primaria
Dadas las circunstancias
cualquier persona podría decir
que no aprendí lo básico
en la vida.
Que los cordones cernidos
sobre los zapatos de la cordura
no logré amarrar
con suficiente presteza,
que apenas miro al cielo
descalza el alma corre
sobre antiguas, nuevas
falacias de amor peregrino.
Que me regresen a la primaria
porque no aprendí de las matemáticas
a sacar la suma esencia,
la resta ética,
la división fragmentaria
en que la sangre humana
es a la vez impulso,
para dos corazones que viajan
a la velocidad del sonido.
Que me regresen a la primaria
y me enseñen, no debo
andar buscando como perro
el aroma de las feromonas:
esas avispas iridiscentes
de húmeda luz salina
que vuelan por debajo
de las faldas de las niñas,
ahora frugales mujeres,
peligrosas vírgenes
de templos prohibidos,
para la bestia encerrada
que mora en la prisión
de mi cuerpo.
Que me regresen, lo imploro,
y en verdad lo pido,
pongan en mi cabeza
esas ingénuas canciones infantiles
que enseñan sin recato
a los niños de primero,
una moral sencilla,
sin preguntas...
Ahora quiero tan sólo ser
lo que la gente
considera ser "bueno".
Que me expongan
al frente del salón de clases
y pinten sobre mi cabeza
enormes orejas de burro
y en mi boca
con los granos de una mazorca
simulen largos,
tozcos dientes de conejo;
pues me siento tan deshonesto,
tan fuera de lo que un día
consideré mi sitio,
como pequeño niño que no entiende
como un terco lobo
que se aferra a parecer cordero.
cualquier persona podría decir
que no aprendí lo básico
en la vida.
Que los cordones cernidos
sobre los zapatos de la cordura
no logré amarrar
con suficiente presteza,
que apenas miro al cielo
descalza el alma corre
sobre antiguas, nuevas
falacias de amor peregrino.
Que me regresen a la primaria
porque no aprendí de las matemáticas
a sacar la suma esencia,
la resta ética,
la división fragmentaria
en que la sangre humana
es a la vez impulso,
para dos corazones que viajan
a la velocidad del sonido.
Que me regresen a la primaria
y me enseñen, no debo
andar buscando como perro
el aroma de las feromonas:
esas avispas iridiscentes
de húmeda luz salina
que vuelan por debajo
de las faldas de las niñas,
ahora frugales mujeres,
peligrosas vírgenes
de templos prohibidos,
para la bestia encerrada
que mora en la prisión
de mi cuerpo.
Que me regresen, lo imploro,
y en verdad lo pido,
pongan en mi cabeza
esas ingénuas canciones infantiles
que enseñan sin recato
a los niños de primero,
una moral sencilla,
sin preguntas...
Ahora quiero tan sólo ser
lo que la gente
considera ser "bueno".
Que me expongan
al frente del salón de clases
y pinten sobre mi cabeza
enormes orejas de burro
y en mi boca
con los granos de una mazorca
simulen largos,
tozcos dientes de conejo;
pues me siento tan deshonesto,
tan fuera de lo que un día
consideré mi sitio,
como pequeño niño que no entiende
como un terco lobo
que se aferra a parecer cordero.
domingo, 6 de junio de 2010
Debajo La Ciudad de los Negros Palacios (Parte primera)
Nos han acusado de hacer
las cosas más estúpidamente
extrañas; desde negar
la transfiguración, decirnos
herejes por no querer profesar
la religión del capitalismo
y hasta de robarnos la fórmula
con la que su todopoderoso
Jesucristo, convirtió el agua
en vino.
Nos han dicho conspiradores,
propagadores de la pereza
y creen que su indiferencia
o el asesinato de manos limpias
por debajo de la mesa,
nos hará desvanecer como el cáncer
que presumen, somos.
Son tan tolerantes
que han dejado mezclar
nuestra sangre impura
con la sed de los animales.
Nos han menospreciado
y enarbolan en su discurso
una democracia construída
para gobernar monos.
No necesitamos un nombre
para escondernos, ni la sombra
de una iglesia para apostar
nuestro olvidado sentido
de pertenencia. Nuestro padre
y nuestra madre sopla, llama,
agua y luz se manifiestan.
Los signos están puestos
la naturaleza y los ancestros llaman
en el canto de los árboles
al ser mecidos por el viento,
en la visión de los gigantes
delinéandose en una ténue
línea, negando la aversión
trazada por el manto de gas
veneno cernido en el invernadero
que es la gran ciudad.
las cosas más estúpidamente
extrañas; desde negar
la transfiguración, decirnos
herejes por no querer profesar
la religión del capitalismo
y hasta de robarnos la fórmula
con la que su todopoderoso
Jesucristo, convirtió el agua
en vino.
Nos han dicho conspiradores,
propagadores de la pereza
y creen que su indiferencia
o el asesinato de manos limpias
por debajo de la mesa,
nos hará desvanecer como el cáncer
que presumen, somos.
Son tan tolerantes
que han dejado mezclar
nuestra sangre impura
con la sed de los animales.
Nos han menospreciado
y enarbolan en su discurso
una democracia construída
para gobernar monos.
No necesitamos un nombre
para escondernos, ni la sombra
de una iglesia para apostar
nuestro olvidado sentido
de pertenencia. Nuestro padre
y nuestra madre sopla, llama,
agua y luz se manifiestan.
Los signos están puestos
la naturaleza y los ancestros llaman
en el canto de los árboles
al ser mecidos por el viento,
en la visión de los gigantes
delinéandose en una ténue
línea, negando la aversión
trazada por el manto de gas
veneno cernido en el invernadero
que es la gran ciudad.
viernes, 28 de mayo de 2010
El secreto de sus ojos

En el año de 1976, bajo un golpe de estado organizado por la llamada Junta de Gobierno (Ejército, Marina y Aviación militar), la viuda de Domingo Perón, presidenta de Argentina, fue derrocada y detenida, detonando con este suceso, el agudizamiento de lo conocido como "La guerra sucia", en la que más de 30 000 argentinos fueron asesinados, torturados o desaparecidos en su país, por comulgar con supuestas tendencias políticas de corte comunista. Y es aquí, dentro de este marco histórico, en donde se desarrolla la película del laureado realizador argentino, Juan José Campanella: "El secreto de sus ojos", basada en la primera novela de Eduardo Sacheri, "la pregunta de sus ojos".
Las grandes historias son en su mayoría gestadas en tiempos de revolución, tiempos de cambio, inmisericordia, miseria; momentos en que el ser humano se plantea preguntas tan sencillas y trascendentales, como el porqué de la existencia o el para qué de la libertad. También son momentos, en que ideas radicales, como la represión a favor del totalitarismo, toman las variantes más perversas para reducir a nada, la voluntad del subyugado.
Existe en el aire un ambiente de turbia calma, la húmeda y calurosa bruma que precede al huracán. Argentina, año incierto, poco antes de la apabullante represión militar en la década de los setentas. Irene M. Hastings, joven recién desempacada de sus estudios superiores penales en los Estados Unidos, es nombrada jefa de oficina en una de las comisarías de la ciudad de Buenos Aires. Benjamín Espósito, el segundo a cargo en la oficina, un hombre bolsón de humor agudo, tal vez como cualquier agente de un ministerio público mexicano, queda inmediatamente prendado de la belleza de su nueva jefa, su comportamiento de animal extraño y el secreto de sus ojos. Aunado a este primer aviso de que el cielo es un lugar posible para los simples mortales en la tierra, poco tiempo habrá de pasar para que un crimen alarmante, la violación y asesinato de una hermosa joven de clase media, arranque al comandante Espósito de su habitual marasmo, y encuentre en la chispa de amor desmedido del esposo de la victimada, el reflejo que dentro de sí hacía falta, para luchar por una sociedad, que tal vez, él ya creía perdida.
Pasión por la vida, pulsión por la muerte, un romance tatuado con fuego en la fragua del deseo prohibido; un crimen, una dictadura, un monstruo, un libro por escribirse, una memoria que no dejará de ser espina, trauma, obstinación; una secuencia alucinante dentro del estadio del Racing; una soberbia cátedra sobre hacer y dirigir cine. Personajes reales, personajes vivos, diálogos inteligentes, naturales, humanos, soberbios. Cómo pasar de la tragedia al drama, del drama a la comedia y visceversa... ¿Cómo hacerlo y lograr una película realmente entrañable? Yo realmente no lo sé, pregúntenle mejor a Juan José Campanella, un director fuera de serie.
Muchachos, sería un crimen de lesa humanidad dejar pasar esta película.
jueves, 6 de mayo de 2010
Ricky

La poesía es el puente, muchas veces, entre aquello que se concibe imposible para un mundo de seres demasiado humanos, y uno de sucesos desbordantemente mágicos. Digamos pues que antes de llegar a esta película, muchos años antes, llegué a un cuento de Gabriel García Márquez, en el que un viejo alado aparecía tumbado en la arena, y una familia cercana a la playa, se lo llevaba al corral de sus gallinas, para convertirlo en algo así como en un monstruo de feria. Relatos como este, e historias como la planteada en la película "Ricky" del francés Francois Oçone, en donde a un bebé, de la nada, comienzan a brotarle alas en su espalda, nos muestra que el mundo de los terrestres, parece no estar preparado para este tipo de sucesos, aún más allá de la simple confrontación artística.
Con una dirección y fotografía naturalista, el proceso de una pequeña e incompleta familia francesa, perteneciente a la clase trabajadora, que es tocada por la intromisión de un hombre español, y posteriormente, por el nacimiento de un niño, con características espontánteas peculiares, esta realización de manufactura gala, es llevada a la pantalla de una forma, en que uno contempla el frágil trazo de una pintura, en donde los elementos de la costumbre, se van viendo transtocados por el fulgor de un pincel poeta, para dar forma a un poema multimedia, que tal vez, el finado pintor español Salvador Dalí, podría haber acomodado en el rango del hiper realismo metafísico.
Erotismo costumbrista, frialdad citadina, diálogos comunes, personajes entrañables, efectos visuales entre lo artesanal y lo naïve, son algunos de los elementos que hacen de esta película, una genial opción para llenarse de magia la vista durante un par de horas.
lunes, 3 de mayo de 2010
Norteado
Es increíble mirar cómo el viejo sueño americano a pesar de los años, a pesar de la saturación demográfica al otro lado de la frontera, se sigue viendo como la gran panacea, gracias a que como país, no hemos podido dar el ancho para solventar los problemas agrarios que gracias a las mafias y los desleales tratados de comercio, tienen a las zonas rurales mexicanas en la maldita miseria. Las cifras nos siguen poniendo a la cabeza y por mucho, del porcentaje de inmigración latina que ocupa puestos de trabajo carentes de seguridad social y prestaciones en los Estados Unidos,
a tal grado de ser la nuestra, la población latina que ocupa poco más de dos terceras partes de la población ilegal total en ese país.
La película Norteado, muestra otra de esas realidades relacionadas al flujo de migración humana, el estancamiento de muchos aquellos que en pos de buscar un mejor nivel de vida para los suyos, quedan atrapados en el cuello de botella que forma, en este caso, la ciudad fronteriza de Tijuana. Y así, entre constantes intentos fallidos de un migrante proveniente de un lugar perdido en la sierra de Oaxaca, sin dinero, una foto de la familia y una gran deuda adquirida por el pago al pollero que lo abandonó en el desierto, el personaje de esta película logra su acomodo en un trabajo de ocasión mientras logra cruzar la frontera, y es ahí, en su condición de esclavo con posiblidad de habla, que logra conocer otras vidas similares a las de él, en donde el sueño y el abandono han dejado su raíz, para formar un jardín de traspatio, en donde los fantasmas hablan sobre lo perdido en el camino.
Si bien el tema no es de lo más nuevo, y si bien el lenguaje cinematográfico un tanto lento de la película, podría llegar a ser uno de sus enemigos, es en su naturalismo y en la búsqueda de realismo, que esta película tira sus golpes más certeros, para traernos una pequeña rebanada de realidad, desde esas latitudes del país, tan lejanas de la mano de Dios.
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