Nunca sucedió gran cosa en Kirriemuir, pero desde la muerte de David lo único que ocurre en la casa de Brechin Road es su muerte. Una y otra vez instalada en la cabecera de la mesa familiar, en misa, en todas partes. Barrie elude esa inocurrencia de muerte viva. Barrie se escapa metiéndose adenro de libros. Barrie abre libros como si fueran ventanas, abre libros para dejar paso a la luz de una historia en una vida tan saombría. Barrie sale de allí leyendo y los libros entran en él. Barrie y Robinson Crusoe y Treasure Island y The Arabian Nights en una lujosa edición infantil y sin ilustraciones lujuriosas. Barrie lee historias de viajeros solitarios y de viajeros perdidos. Barrie piensa en su madre como en una reina prisionera. Barrie entra en la habitación de su madre, siempre a oscuras, como si entrara en una cueva del tesoro o en una tormenta en altamar. Entra en libros y los cierra y Barrie se pregunta qué es lo que ocurre cuando un libro se cierra, cuando el cuento que cuenta es interrumpido. Barrie se pregunta cuál es la velocidad de un libro: ¿la velocidad que desarrolló el autor al escribirlo o la velocidad que alcanzan los lectores al leerlo? Es más: ¿se detiene un libro cuando se lo deja a un lado o son los libros máquinas de movimiento perpetuo que funcionan sin necesidad de los lectores? Los libros como motores mágicos que no dejan de impulsar a sus héroes y villanos hacia nuevas orillas y palacios y es por eso que no conviene interrumpir su lectura, piensa Barrie: uno se pierde tantas cosas cuando cierra un libro. Hay noches en que Barrie juraría que oye a los libros conversar entre ellos, mezclarse, contarse sus vidas y sus obras, recordar sus tramas, sus mejores momentos. Barrie piensa que leer es hacer memoria y que escribir, también, es hacer memoria. Los recuerdos del que escribe -los escritores no hacen otra cosa que recordar algo que se les ocurrió o que les ocurrió o que no les ocurrirá nunca, pero que ahora ocurre mientras escriben- se incorporan a los recuerdos del que lee hasta ya no saber dónde empiezan unos y dónde terminan los otros. El escritor como intermediario, como espiritista espiritual, como iluminador de la manera en que los libros son los fantasmas de los escritores vivos y los escritores muertos son los fantasmas de los libros. Y tal vez eso sea la inmortalidad, el no envejecer nunca, se dice Barrie. La tinta como el elixir de la vida eterna que se bebe a través de los ojos, y Barrie piensa que si hay algo mejor que ser escritor, ese algo es ser personaje.
Fresán Rodrigo, Jardines de Kensington, Editorial Mondadori, pp 32 y 33, Barcelona 2003.
martes, 5 de mayo de 2009
miércoles, 29 de abril de 2009
Roberta
Es una mujer apenas delgada y apenas existente. Se pasea ausente de lo que le rodea, y cuando alguien le pregunta por un libro sus ojos se encienden. Si puede recomendar uno mejor y hacer crítica destructiva sobre el que le requieren y no le gusta, lo hace. Ya después si se mete en un lío bizantino, se harta, hace su trabajo y regresa a acomodar otros libros, pensando que hay gente más pendeja que uno, siempre.
Alguna vez se enteró de la existencia de Rodrigo Fresán por rebote de aquello que Roberto Bolaño, creador de los "Detectives Salvajes", recomendaba. Y no es que le gustara fanáticamente lo que el finado chileno hiciera, no. De hecho esa novela sólo le gustó por el hecho de mantener, en su línea narrativa, de pronto, una secta de pseudopoetas,en búsqueda de la precursora de un misterio sobre algo que les unía, la poesía. La onda tenebrista y ojerosa en la que terminó, más las distintas bifurcaciones del texto en decenas de narradores, terminó por darle un resquicio bastante fuerte de desazón pendenciera.
A sus diecinueve años ni las letras, que demasiado pesadas resultaron. Ni las ciencias de la comunicación, repleta de gente pasada de laxa y nada, le llenaron el morral y decidió tirarse a la aventura de salir de su casa y buscar trabajo en una biblioteca para ver qué pasaba.
Días después consiguió un empleo en la biblioteca del barrio y Fue ahí que dio con un ejemplar perdido de ese escritor argentino: Fresán. La novela en cuestión: "Jardines de Kensingthon". Jamás la terminó de leer pero algo encontró ahí que le cambió la perspectiva de las cosas. Una cita sobre los libros en el silencio de los libreros y los estantes. Sobre su inmortalidad. Sobre su finitud nunca finita. Sobre sus conversaciones. Sobre lo genial que sería ser un personaje, o una historia, así, de esas proporciones. Invencibles intocables.
_________
Es esta una intensión de prosa literaria para generar ficción gráfica en un guión. Ya pronto, en cuanto tenga la compu de casa funcionando, seguiré. Espero que sea muy pronto.
Alguna vez se enteró de la existencia de Rodrigo Fresán por rebote de aquello que Roberto Bolaño, creador de los "Detectives Salvajes", recomendaba. Y no es que le gustara fanáticamente lo que el finado chileno hiciera, no. De hecho esa novela sólo le gustó por el hecho de mantener, en su línea narrativa, de pronto, una secta de pseudopoetas,en búsqueda de la precursora de un misterio sobre algo que les unía, la poesía. La onda tenebrista y ojerosa en la que terminó, más las distintas bifurcaciones del texto en decenas de narradores, terminó por darle un resquicio bastante fuerte de desazón pendenciera.
A sus diecinueve años ni las letras, que demasiado pesadas resultaron. Ni las ciencias de la comunicación, repleta de gente pasada de laxa y nada, le llenaron el morral y decidió tirarse a la aventura de salir de su casa y buscar trabajo en una biblioteca para ver qué pasaba.
Días después consiguió un empleo en la biblioteca del barrio y Fue ahí que dio con un ejemplar perdido de ese escritor argentino: Fresán. La novela en cuestión: "Jardines de Kensingthon". Jamás la terminó de leer pero algo encontró ahí que le cambió la perspectiva de las cosas. Una cita sobre los libros en el silencio de los libreros y los estantes. Sobre su inmortalidad. Sobre su finitud nunca finita. Sobre sus conversaciones. Sobre lo genial que sería ser un personaje, o una historia, así, de esas proporciones. Invencibles intocables.
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Es esta una intensión de prosa literaria para generar ficción gráfica en un guión. Ya pronto, en cuanto tenga la compu de casa funcionando, seguiré. Espero que sea muy pronto.
martes, 28 de abril de 2009
El pasado es un juguete rabioso.
La mañana del lunes 27 amanecí aplicándome una llave luchística a mí mismo. Ustedes, que no son ustedes, sino una proyección del otro mío que leé (porque acá realmente no se acercan ni los fantasmas) se preguntarán cómo es esto posible: sucede que un día antes, el domingo, después de haberme despachado varias kilocalorías de carne asada con la familia, decidí ir a ver las patéticas luchas de la tripe A. Y acto seguido, auspiciado por los lances y las chidas tonterías que allí se suceden, "ultra extremismo y violencia" por parte de los "uno ocho siete", un tal Joe lider y otro cabrón con el nombre más patético que haya en este momento "Nicho el millonario", tomé la determinación de ir con mi primo Emilio, que después de la partida de mi hermana Kary, se convirtió en algo así como mi hermano, a armar la cama elástica que dejó karusa entre todos sus bienes mágicos sin testamento.
Así pues, con ayuda de otras dos primas que quisieron unirse a la sesión de ultra violencia, lo armamos con presta solidaridad. Terminada dicha tarea, como el buen Orozco que cuando come no conoce, impedí la ascención de la familia al trampolín para poder yo hacer mis primeros lances. Cuál fue mi sorpresa que al treparme al no encordado y hacer mis primeras suertes, después de un sentón y una tirada de rodillas, intenté un mortal hacia atrás, cosa que jamás me ha salido bien, y boinas, por descuido dejé ir todo mi peso sobre mi brazo mágico: el izquierdo. El resultado, una subluxación que me dejó por la noche la imposibilidad de dormir boca abajo, como siempre acostumbro.
De esta forma, después de haber ido al doc y haber recibido unas hueseadas, medicamento y la orden para sacarme unas ratios, me fui a dormir, y cinco horas y media después despierto boca abajo con el sentimiento de que si me movía me tronaría el hueso. Así pues lo primero que hice al no poder voltearme sin el peligro de joderme el brazo mágico, le grité a Mamá (como cuando niño, lo hacía con papá para pedirle que me trajera un vaso con agua escondido dentro de las cobijas para que no me tragaran mis enemigos imaginarios), para que viniera a socorrerme. Así pues ante mi tonelaje lo único que pudo hacer fue jalarme de los pies lo más que pudo, de tal forma que bajara hincado sin lastimarme el brazo sobre el cuál estaba aplicando la llave.
Después del salvamento, ante el temor de dormir, y ya dormido volver a girarme boca abajo, me puse a recordar lo sucedido antes de la levantada. Y esto fue un sueño relacionado a una chica llamada Anaid que tiempo atrás, años, diez, para ser exactos, me traía embrujado, así nada más, porque de pronto, a los catorce, cuando uno es medio inexperto, uno se deja embrujar por alguna chica con dos que tres bonitos atributos, y huevos carnal, te enganchan sin nisiquiera hablarte. Y así fue que a pesar de la distancia del momento en que eso era un momento para el presente, me dejé ir como quinceañero, y comencé a pensar en lo lindo y extraño que era pararse a las cinco y media de la mañana con la única ilusión de ver entrar en el salón de clase a la susodicha. Y siempre, bajo alguna forma, encontrar la excusa para hacerla reír, para saludarla, y no terminar con ese momento nunca.
Pero bueno, ese momento pasó hace casi diez años, y ahora esa chica es mi "amiga", que ahora vive en Bath, Inglaterra y que tres veces al año viene a visitar a su familia, y que en una de esas venidas me ayudó a hacer un corto escolar. Amiga con la que también fui a ver "el caballero de la noche". Y con la que comparto nada más que un bello momento, y digamos... el recuerdo de amar como un quinceañero.
Bien por eso.
Así pues, con ayuda de otras dos primas que quisieron unirse a la sesión de ultra violencia, lo armamos con presta solidaridad. Terminada dicha tarea, como el buen Orozco que cuando come no conoce, impedí la ascención de la familia al trampolín para poder yo hacer mis primeros lances. Cuál fue mi sorpresa que al treparme al no encordado y hacer mis primeras suertes, después de un sentón y una tirada de rodillas, intenté un mortal hacia atrás, cosa que jamás me ha salido bien, y boinas, por descuido dejé ir todo mi peso sobre mi brazo mágico: el izquierdo. El resultado, una subluxación que me dejó por la noche la imposibilidad de dormir boca abajo, como siempre acostumbro.
De esta forma, después de haber ido al doc y haber recibido unas hueseadas, medicamento y la orden para sacarme unas ratios, me fui a dormir, y cinco horas y media después despierto boca abajo con el sentimiento de que si me movía me tronaría el hueso. Así pues lo primero que hice al no poder voltearme sin el peligro de joderme el brazo mágico, le grité a Mamá (como cuando niño, lo hacía con papá para pedirle que me trajera un vaso con agua escondido dentro de las cobijas para que no me tragaran mis enemigos imaginarios), para que viniera a socorrerme. Así pues ante mi tonelaje lo único que pudo hacer fue jalarme de los pies lo más que pudo, de tal forma que bajara hincado sin lastimarme el brazo sobre el cuál estaba aplicando la llave.
Después del salvamento, ante el temor de dormir, y ya dormido volver a girarme boca abajo, me puse a recordar lo sucedido antes de la levantada. Y esto fue un sueño relacionado a una chica llamada Anaid que tiempo atrás, años, diez, para ser exactos, me traía embrujado, así nada más, porque de pronto, a los catorce, cuando uno es medio inexperto, uno se deja embrujar por alguna chica con dos que tres bonitos atributos, y huevos carnal, te enganchan sin nisiquiera hablarte. Y así fue que a pesar de la distancia del momento en que eso era un momento para el presente, me dejé ir como quinceañero, y comencé a pensar en lo lindo y extraño que era pararse a las cinco y media de la mañana con la única ilusión de ver entrar en el salón de clase a la susodicha. Y siempre, bajo alguna forma, encontrar la excusa para hacerla reír, para saludarla, y no terminar con ese momento nunca.
Pero bueno, ese momento pasó hace casi diez años, y ahora esa chica es mi "amiga", que ahora vive en Bath, Inglaterra y que tres veces al año viene a visitar a su familia, y que en una de esas venidas me ayudó a hacer un corto escolar. Amiga con la que también fui a ver "el caballero de la noche". Y con la que comparto nada más que un bello momento, y digamos... el recuerdo de amar como un quinceañero.
Bien por eso.
domingo, 19 de abril de 2009
Días de lucha.

Tal vez sólo en este país y en algunos de nuestro otro continente americano, donde la muerte y la opresión es una mezcla de recuerdos, magia, nostalgia y leyenda, el panorama de la lucha libre es una alegoría perfecta de lo que podría significar vivir siempre en domingo.
En ese rito lúdico de máscaras, mentadas de madre, teatro de la violencia aérea, y demáses, bien podría encontrarse una sincretización de los elementos prehispánicos donde el lado de los buenos: los científicos de la esquina técnica, arremeten contra aquellos que osaron cruzar el portal del Mictlán, para pasar factura de residencia a los moradores del día. O también la arista menos dramática y mucho más juguetona de los bailes después de la colonia, en donde enmascarados representan a los invasores, a los animales sagrados y a otros tantos personajes no menos importantes, brindando un goce estético y representativo de los cultos del pasado y las batallas, a los provincianos en sus días de respiro dominical.
Al más puro estilo del pancracio romano, en donde el espectáculo servía para administrar violentas dósis de anestesia a las masas, la comitiva mexicana no dista mucho de aquella pauta dictada. Fuera de los fresas oportunistas y turistas que buscan en la lucha la risa estúpida, o el agrado curioso, el mundo dentro de las luchas para los que viven de y para las luchas, es una verdad totalizadora. Ellos adoptan la mentira desde niños, y como tales, se subliman ante la guarrería y la magia dentro de los encordados.
Vivir es peligroso, está de la chingada, pero también es mágico.
miércoles, 15 de abril de 2009
Con motivos del cambio de razón social de este changarro.
Existe una náusea horrorosa en nosotros los de casta flemática que nos da por ponernos intelectoguapachosos para apantallar señoritas, que en otra vida fueron perfumadas pueblerinas, testigos apremiantes de paseos dominicales en la Alameda.
Evidente es la forma en que heridos de alguna bala perdida, con el yerro del desinterés por la vida, nos enfrentamos como zombies trajeados en una peli de serie C, en homenaje a las glorias involuntarias del cine nacional.
Lo cierto, es que vivir es peligroso y no nos dimos cuenta, y también nos da igual, y cantamos pendejadas no aprendidas, con este sentimiento de haber habitado toda la vida en un puto domingo. Ahora sé lo fácil que sería reencarnar en un cabrón como Raúl Velasco, ahora sé lo que es decir aún hay más, a sabiendas de que al cabrón del astillero, se le olvidó colocar un timón a esta trajinera en la que navego.
Evidente es la forma en que heridos de alguna bala perdida, con el yerro del desinterés por la vida, nos enfrentamos como zombies trajeados en una peli de serie C, en homenaje a las glorias involuntarias del cine nacional.
Lo cierto, es que vivir es peligroso y no nos dimos cuenta, y también nos da igual, y cantamos pendejadas no aprendidas, con este sentimiento de haber habitado toda la vida en un puto domingo. Ahora sé lo fácil que sería reencarnar en un cabrón como Raúl Velasco, ahora sé lo que es decir aún hay más, a sabiendas de que al cabrón del astillero, se le olvidó colocar un timón a esta trajinera en la que navego.
sábado, 23 de febrero de 2008
Las ciudades imposibles
Este es el primero que dediqué a mi hermana. Es pésimo saber que la gente tiene que partir a otros espacios fuera del cuerpo humano para comenzarle a dedicarle escritos como estos. Pero bueno, así es la vida, y amo a mi hermana, en donde quiera que ahora se encuentre.
Bajas mareas de sangre intoxicada
renuevan a intervalos
las labores del olvido y el recuerdo.
Porque ya no sé si estuviste en la lucidez
o en la vigilia de mis sueños.
Y mi mano ya no encontrará cabida
en las tuyas que ahora son joven memoria
de cenizas encriptadas en una cajita.
Puesto que las ciudades imposibles
ahora serán más imposibles que nunca,
y sus banquetas ya no registrarán nunca tus pasos,
ahora eres parte de mi cielo protector
que caminamos tantas veces unidos bajo un mismo canto.
El eco de los lugares
que estuvimos siempre a un mismo lado
será el réquiem sinfonía
atravesado de dolor y blancas sonrisas,
trayendo a cuenta los momentos
en que estuvimos dimensionalmente atravesados.
Tiempos en que fuiste colibrí
y yo el oso de la tregua en la temporada abierta,
en que los cazadores no se atrevieron a interrumpir
nuestro camino,
nuestros pasos.
Hasta pronto mi pequeña, se ha roto todo límite;
vuelas en altas y blancas mareas,
el cielo ahora te acoge en sus brazos.
Miércoles 28 de febrero de 2007
Bajas mareas de sangre intoxicada
renuevan a intervalos
las labores del olvido y el recuerdo.
Porque ya no sé si estuviste en la lucidez
o en la vigilia de mis sueños.
Y mi mano ya no encontrará cabida
en las tuyas que ahora son joven memoria
de cenizas encriptadas en una cajita.
Puesto que las ciudades imposibles
ahora serán más imposibles que nunca,
y sus banquetas ya no registrarán nunca tus pasos,
ahora eres parte de mi cielo protector
que caminamos tantas veces unidos bajo un mismo canto.
El eco de los lugares
que estuvimos siempre a un mismo lado
será el réquiem sinfonía
atravesado de dolor y blancas sonrisas,
trayendo a cuenta los momentos
en que estuvimos dimensionalmente atravesados.
Tiempos en que fuiste colibrí
y yo el oso de la tregua en la temporada abierta,
en que los cazadores no se atrevieron a interrumpir
nuestro camino,
nuestros pasos.
Hasta pronto mi pequeña, se ha roto todo límite;
vuelas en altas y blancas mareas,
el cielo ahora te acoge en sus brazos.
Miércoles 28 de febrero de 2007
martes, 2 de octubre de 2007
Días de cuento bajo cero
El oso alado en el museo del prado
yace ante los ojos inmunes de una estatua,
como la esposa de un sueño congelado.
Los días detenidos y a cuentagotas
pasan como brisa mientras duerme
la siesta del tiempo, el final y la llegada.
El hombre es la manipulación expresa,
el ejemplo de la maldad
llevada a términos de la perfecta ecuación.
La mujer y la promesa,
la tácita ilusión, sistemática rudeza,
del que marca los días en la pared de su prisión.
yace ante los ojos inmunes de una estatua,
como la esposa de un sueño congelado.
Los días detenidos y a cuentagotas
pasan como brisa mientras duerme
la siesta del tiempo, el final y la llegada.
El hombre es la manipulación expresa,
el ejemplo de la maldad
llevada a términos de la perfecta ecuación.
La mujer y la promesa,
la tácita ilusión, sistemática rudeza,
del que marca los días en la pared de su prisión.
julio 6 de 2oo6
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